La ciudad de Venecia ha logrado mantenerse en pie durante 1600 años gracias a una ingeniosa técnica de construcción basada en lo que algunos llaman «bosque invertido». La ciudad está construida sobre millones de postes de madera clavados en el barro bajo el agua de la ciudad. Estos pilotes se colocaron con la punta hacia abajo y se fabricaron con diferentes tipos de árboles, como alerce, roble o pino.
La ciudad ha logrado durar tanto tiempo debido a que los pilotes se conservan muy bien en ambientes húmedos y con poco oxígeno. En estas condiciones las bacterias que descomponen la madera no pueden sobrevivir y es por eso que los postes no se pudren con facilidad.
La madera con el paso del tiempo se endurece debido a minerales de agua, lo que hacen que los cimientos sean aún más resistentes. Gracias a esta ingeniería tan ingeniosa, Venecia ha resistido mucho más tiempo que muchas construcciones modernas hechas con hormigón o acero.
Esta técnica permite sostener edificios de piedra, iglesias y campanarios gracias a la fricción entre el suelo, la madera y el agua, sin necesidad de llegar hasta una base de roca sólida.
A pesar de los años, este método sigue siendo un ejemplo de como las técnicas tradicionales pueden ser eficaces y duraderas cuando se adaptan bien al entrono natural.
Aunque esto sea un buen método, esta estructura ha tenido que enfrentarse a algunos problemas, como el hundimiento del suelo o el aumento del nivel del mar, que provocan inundaciones periódicas en la ciudad. Por ello, en las últimas décadas se han desarrollado grandes proyectos de ingeniería para proteger la ciudad del agua y preservar el patrimonio.
Fuente: bbc.com
