El Puente Viejo de Mostar, en Bosnia y Herzegovina, es uno de los símbolos más icónicos de los Balcanes. Construido en el siglo XVI por los otomanos, este puente de piedra sobre el río Neretva no solo conectaba dos orillas, sino también culturas y comunidades.
Durante la Guerra de Bosnia (1992-1995), el puente se convirtió en un objetivo estratégico y fue destruido en 1993, un hecho que marcó profundamente la historia del país. Su caída simbolizó la ruptura de la convivencia entre musulmanes y croatas, y se convirtió en una imagen dolorosa del conflicto.
Tras la guerra, comenzó un ambicioso proyecto de reconstrucción, liderado por la UNESCO y financiado por varios países. El objetivo era devolver al puente su aspecto original, utilizando técnicas tradicionales y materiales similares a los del siglo XVI. En 2004, el Puente Viejo volvió a abrir, recuperando su papel como símbolo de paz y reconciliación.
Hoy, el puente es Patrimonio de la Humanidad y un atractivo turístico que atrae a miles de visitantes cada año. Además, se ha convertido en escenario de una tradición única: los saltos desde el puente al río, una práctica que mezcla adrenalina y cultura local.
Fuente principal: mochileandoporelmundo