Las aguas termales naturales son manantiales que brotan calientes desde el interior de la tierra gracias a la actividad geotérmica. Suelen contener minerales como azufre, calcio o magnesio, y por eso muchas culturas las consideran relajantes y con propiedades terapéuticas.
Hay lugares que en verano pasan desapercibidos, pero que en invierno se transforman en auténticos refugios para el cuerpo y la mente. Arnedillo, en La Rioja, es uno de ellos. Cuando el frío aprieta y las montañas se cubren de niebla, sus pozas termales se vuelven un pequeño milagro al aire libre.
A orillas del río Cidacos brotan aguas humeantes que alcanzan los 52 °C. No hay taquillas, ni recepciones, ni precios de entrada. Solo naturaleza, vapor y el sonido del agua corriendo. Te sumerges y, de inmediato, el contraste con el aire helado te envuelve en una sensación casi mágica.
Las pozas están abiertas todo el año y son gratuitas, lo que las convierte en un plan perfecto para una escapada invernal sin complicaciones. Puedes llegar caminando desde el pueblo, disfrutar del paisaje montañoso y terminar el día relajándote como si estuvieras en un spa… pero sin gastar un euro.
Si buscas desconectar, aliviar tensiones o simplemente vivir una experiencia diferente en pleno invierno, Arnedillo es ese destino inesperado que sorprende a cualquiera.
“En agua caliente, hasta el alma se siente.”
Fuente: msn