Las tortugas marinas han navegado los océanos por más de 100 millones de años y desempeñan un papel crucial en los ecosistemas marinos. Puedes encontrar hasta siete especies —desde la inmensa tortuga laúd (hasta 1,8 m y 900 kg) hasta la pequeña olivácea (menos de 70 cm)— en aguas tropicales y subtropicales, tanto en alta mar como en las costas y playas donde anidan.
Estas especies están seriamente amenazadas: seis de las siete están protegidas y comercialmente prohibidas, y tres de ellas se encuentran en estado crítico de conservación. Su declive se debe a múltiples amenazas:
- Contaminación plástica: confunden los plásticos con medusas, lo que les provoca la asfixia o la ingestión de materiales peligrosos. Además, las redes de pesca abandonadas las atrapan o impiden que naden y se alimenten
- Pérdida de habitat: la basura en las playas bloquea la salida al mar de las crías.
- Caza furtiva y tráfico: se extraen caparazones y huevos para ser comercializados, especialmente de la tortuga carey.
- Captura incidental: muchas mueren ahogadas en redes usadas por la pesca de camarón, palangres y redes de arrastre.
- Cambio climático: altera la temperatura de la arena donde anidan, lo que influye en la proporción de sexos de las crías.
Las tortugas marinas son vitales para mantener los lechos de pastos marinos y arrecifes de coral, beneficiando a especies como el camarón, la langosta y el atún. Cada hembra puede poner hasta 150 huevos por nido, pero solo una de cada 1 000 crías llega a la edad adulta.
Fuente principal: wwf